Como ya es costumbre, llevo de nuevo dos meses sin publicar entrada alguna. No es que tenga muchas cosas que contar. Bueno, miento: lo cierto es que sí. Realmente podría estar días escribiendo sobre alguno de los múltiples temas que me apasionan y quitan el sueño a partes iguales, pero siento que serían de tan nulo interés para el resto de los mortales, tan sumamente generadores de indiferencia, que prefiero ahorrarle ese sufrimiento a la ya de por sí sufrida sociedad de nuestros días. Simplemente aprovecharé la ocasión para comentar un par de cuestiones que desde hace tiempo me dan que pensar.
No soy demasiado optimista de cara a nuestro futuro como especie (afortunadamente, es evidente que esparcidas por el universo, seguro que incluso en nuestro propia galaxia, hay y habrá -y hubo- otras muchas especies inteligentes con más suerte que nosotros -y, qué duda cabe, muchas otras con menos fortuna-). Siento cómo en pleno año 2011 estamos empezando a coger lentamente el sendero que irreversiblemente nos conducirá al abismo final. Según parece, el número actual de personas sobre la faz de la Tierra es de aproximadamente 6.900 millones. Esta cifra aumenta cada año en torno a 77 millones (cifra que se obtiene restando las defunciones a los nacimientos). El cálculo de los nacimientos por día resulta escalofriante (ante el cual, poco menos que el de los fallecimientos queda en un mero juego de manos...). Simplemente, diré que es una cifra aterradora.
Igualmente, me resulta inquietante el absoluto y total retraso que la carrera espacial (investigación espacial, podríamos decir hoy en día) lleva. Lejos quedan los felices años sesenta y setenta, donde parecía que el futuro de la humanidad iba a estar en las estrellas. En verdad, allí es donde se encuentra nuestro único futuro si queremos seguir manteniendo el imposible ritmo de crecimiento exponencial que llevamos. Hace tiempo leí una interesante comparativa que venía a decir que si todo el mundo llevara el ritmo de vida de un país como EE.UU., harían falta cuatro planetas Tierra para poder asumirlo. La comparativa tiene ya unos años.
El futuro está en salir de nuestro planeta. No en abandonarlo, sino en la expansión interplanetaria. La Luna y Marte son los únicos destinos posbiles a corto-medio plazo (y no es que sean demasiado grandes... Pero son un paso previo y necesario para poder aspirar a cotas mayores). No estaría de más, creo, invertir más en investigaciones aeroespaciales. Sorprendentemente, cuentan con una asombrosa mala prensa entre la sociedad en general. No puedo entenderlo. Enseguida, en cuanto se habla de las mareantes cifras dedicadas al desarrollo de la tecnología espacial, surge el típico listo demagogo que hay en todos los sitios inquiriendo con su a todas luces falta de perspectiva sobre la inutilidad de ese dinero, abogando por emplearlo en erradicar el hambre en el mundo. Soy muy crítico al respecto. Incluso ante un argumento tan aparentemente lógico como éste, no puedo menos que mostrar mi total desaprobación. Pero resulta tan simple decirlo; se le llena a la gente la boca con tan elevados conceptos demasiado fácilmente... Voy a recordar algo que dije: si todos los seres humanos del planeta vivieran como los americanos, harían falta cuatro Tierras. Erradicar el hambre en el mundo, manteniendo intacta la población actual, sería insostenible. Hace falta un cambio de modelo estructural global. El dinero invertido en el desarrollo científico y en la tecnología derivada del mismo es posiblemente la mejor inversión de cuantas se puedan realizar. Necesitamos conocer la realidad.
Necesitamos saber si vivimos en un mundo con 10 dimensiones; tenemos la imperiosa necesidad de conocer qué cojones es la materia oscura; ¿por qué la parte visible del universo se reduce a sólo al 5% de la totalidad?; ¿qué mierdas es esa energía oscura (72%) y esa materia oscura (23%) que lo impregna todo? Cada vez sabemos menos de cuanto nos rodea. Es como si con la revolución científica hubiésemos iniciado un camino imparable hacia el desconocimiento que el conocimiento provoca. Cuanto más sabemos, más ignoramos. Tan frustante es la realidad... Alguien dijo que la ignorancia da la felicidad. Creo que es una aseveración con la que cada vez estoy más de acuerdo y, sin embargo, cual inepto masoca que soy, prefiero saber, prefiero intentar conocer.
Es necesario un control de la natalidad mundial. No podemos seguir creciendo como especie hasta el infinito porque el espacio del que disponemos es mortalmente finito. Estamos atrapados en la Tierra. Hemos de empezar a aceptarlo. Parece que cuesta demasiado tener una perspectiva más o menos global de la realidad, pero es fundamental de cara a afrontar una serie de problemas que más pronto que tarde se nos van a echar encima.
No se me malinterprete, por favor. No quiero banalizar un tema tan grave como es la muerte de muchas personas. Pero sirva como muestra del problema al que nos enfrentamos este dato: en el año 2004, el fatídico tsunami que arrasó Indonesia dejó, según datos de la ONU, 229.866 pérdidas humanas. Una catástrofe prácticamente sin precedentes en la historia moderna. Cada día, repito, CADA DÍA, se suman en torno a 210.000 personas (en esta cifra ya se han restado los fallecimientos a los nacimientos diarios) a la población mundial. Estamos ante un grave problema de control poblacional que ha de corregirse de algún modo.
El desarrollo científico no puede coartarse de modo alguno. Es una de las pocas cosas sensatas y verdaderamente relevantes que nuestra especie ha conseguido. Me parecen interesantes todas las argumentaciones que se hagan al respecto, de hecho, desearía que la gente hablará más de este tema, aunque fuera para refutar todo lo que acabo de decir, pero por favor: ¿por qué no se habla de nada de esto? No estoy hablando de algo que vaya a suceder dentro de miles de años, ni siquiera es el futuro próximo: es la realidad más real que puede existir. Y no es para nada halagüeña.
En fin: son sólo algunas de las reflexiones (seguramente sin fundamento y altamente alarmistas) que de vez en cuando me dan vueltas por la cabeza. A ver si el próximo día elaboro alguna entrada algo más amable que ésta. Me he quedado con ganas de hablar sobre vida extraterrestre y de comentar las múltiples teorías científicas que postulan la obviedad de la existencia de ésta. Ojalá nos fuera más fácil hacernos a la idea de la absolutamente colosal inmensidad del universo. Nuestros débiles intelectos aún no son capaces de hacerse, siquiera remotamente, una vaga idea de la grandeza del cosmos. Que, ojo, para nada es infinito. De hecho, se ha comentado en alguna ocasión (no sé con qué grado de certeza) que existen en torno a 10 elevado a 80 partículas elementales (protones, neutrones y electrones) en todo el cosmos. Parece poco, ¿no? Escribe la cifra en una hoja de papel, si te atreves...
No hay comentarios:
Publicar un comentario