Llevo más tiempo del deseable sin escribir nada por aquí. Y no por nada en particular: no estoy ni más ocupado, ni más agobiado que antes. Ni tampoco menos; pero así son las cosas... Aunque lo cierto es que no tengo gran cosa que contar. Podría divagar sobre cualquier asunto (que será lo que haga), pero no por el placer de desentrañar o contar algo que realmente merezca la pena, sino por el simple ejercicio de encadenar unas cuantas frases con más o menos sentido y entretenerme durante unos veinte minutos.
Dicho esto, creo que el panorama televisivo actual es bastante mediocre (así, como quien no quiere la cosa). Estoy harto de oír a la gran mayoría del mundo decirme lo entretenida que es tal serie, lo estupendísima que es tal otra, lo asombrosa que es aquella de allí... Y la única verdad que he podido constatar es que no soporto las series. Me escuecen sobre manera por la gran cantidad de tópicos y estereotipos baratos que manejan. Si ya de por sí me resulta complicado el hecho de dedicarle 45 minutos de mi vida a un capítulo de una serie (sobre todo cuando pienso que por el doble de tiempo podría ver una película, buena o mala, pero que por lo menos posee un principio y un final, aparte de contar y cerrar una historia), cuando encima lo que veo durante esos tres cuartos de hora me enerva, el resultado más normal es que deteste este tipo de (sub)productos.
No soporto cómo en todas las series los personajes son tan cool y tan guays. Todos son inteligentísimos, guapísimos o los putos amos, con vidas apasionantes y con trabajos divertidos y estimulantes. Me repugna presenciar semejante montaña de tópicos en las series. La mayoría de tramas y relaciones que se establecen entre los personajes son tan sumamente artificiosas y repetitivas que provocan náuseas en mi persona con demasiada facilidad. Constantes tira y afloja que se van desarrollando a lo largo de las interminables temporadas de 20 o más episodios. Un tedio mayúsculo que, por lo que veo, cuenta con legiones de fans por doquier. Fans que no sólo disfrutan estas historias superficiales y vacuas, sino que lo pasan aún mejor comentándolas con los amigos y los conocidos.
Siento que algo se me escapa, pero no soy capaz de identificarlo. Lo único que sé es que la realidad no es así. Esas series no reflejan nada más allá de una falsaria sociedad repugnante y deprimentemente utópica que provoca un supremo rechazo en mí. Siento odio por los personajes (repelentes, pijos, subnormales o chulos en el mejor de los casos), por las relaciones que se establecen entre ellos, por esa apariencia de trascendentalidad que lo impregna todo y que lo único que oculta es la mayor de las superficialidades posibles. ¿Dónde están los perdedores? ¿Los fracasados? Sí, suele haber alguno de vez en cuando entre esta y aquella serie: un personaje secundario suele ser, graciosillo además... Vergüenza es lo que siento ante el panorama televisivo actual. Harto estoy de oír a la gente decir que la TV ha superado al cine en cuanto a la calidad de sus productos. Cada vez que lo oigo, más allá de intentar discutirlo racionalmente, reacciono con una eficaz indiferencia: "yo no veo series", suelo decir. Y adiós muy buenas al tema. El cine actual da asco. Pero la TV da asco al cuadrado. Apenas puedo rescatar 3 o 4 series. De hecho me costaría llegar a esa cifra.
Sinceramente, prefiero ver diez películas a una temporada completa de cualquier serie. Seguramente me tragaré mierda, pero también tendré la suerte de dar con algún filme reseñable o rescatable y, lo que es mejor, habré visto terminar diez historias. Con una serie lo único que uno consigue es seguir la anodina y lamentable vida de una serie de personajes más falsos que un puto billete de 30€. Es tan sumamente asquerosa la representación que se hace de la sociedad, tan descaradamente chachi-piruli la realidad que se muestra en esos supuestos productos de categoría narrativa sin igual, que lo único que puedo hacer es quitar la TV para no vomitar sobre el suelo de mi casa.
En fin. Realmente no he hecho más que soltar un poco de bilis. No he dado muchos argumentos. No he puesto ejemplos concretos (podría haberlo hecho, pero no me ha apetecido hacer leña de series muy valoradas por la gente). Digamos que si alguien leyera esto me daría de leches por los cuatro costados. Pero como dudo que nadie lo lea jamás, eso que llevo de ventaja. Y por otro lado, probablemente no esté tan solo como pienso ante este fenómeno. Sin más. No es algo que me quite el sueño. Y si la gente disfruta con estas series, oye, simplemente felicitarles. Qué suerte la suya. Sigan viendo sus series, no teman, que ustedes son los normales. Yo, simplemente, soy el tío raro que hacer, lo que se dice hacer, no hace demasiado en ninguno de los sentidos posibles que la palabra puede adoptar, al margen de escribir estas insustanciales entradas de este invisible blog.
No hay comentarios:
Publicar un comentario