sábado, 19 de febrero de 2011

"The King of Limbs" (2011), de Radiohead

Lejos de pretender convertir este blog en un site de crítica musical, lo cierto es que me siento con ganas de escribir unas breves líneas a propósito del nuevo lanzamiento de la banda británica Radiohead. Lanzamiento que, sin previo aviso y pillando a todo el mundo por sorpresa, se anunció este mismo lunes 14 de febrero. Los medios musicales de todo el globo pronto se hicieron eco del acontecimiento y la noticia acaparó no pocas páginas en  medios de información tanto especializados como generalistas. Son Radiohead. Son una de las agrupaciones musicales más aclamadas de las últimas décadas. Son, en palabras de este humilde cronista, uno de los pocos grupos (tal vez el único, junto a Pink Floyd) que merecen la fama que tienen.

Pablo Honey y The Bends mostraron los primeros indicios de algo que se ocultaba bajo ese maremágnum de rock y distorsiones salvajes. Había ciertas fisuras que permitían adivinar algo más allá de ese aparente rock comercial y adictivo. OK Computer abrió en 1997 la caja de Pandora. Uno de los discos más influyentes de la música contemporánea: una nueva concepción del rock, una huída de lo normalizado, un paso definitivo hacia la experimentación. Supuso el inicio de un viaje sin retorno.

El binomio conformado por Amnesiac y Kid A definió prácticamente por sí sólo una realidad. Un camino cada vez más profundo de experimentación e irrealidad hacia la búsqueda de los límites mismos del sonido. La evanescencia del rock y el auge de la electrónica hacia un destino difuso y borroso. Canciones entre el límite de la realidad y la fantasía que mostraron la verdadera cara de Radiohead, el complejo universo sonoro que atormenta sus mentes.


Hail to the Thief le siguió, e In Rainbows completó el trayecto. Y ayer se lanzó por fin el (in)esperado The King of Limbs:
  1. Bloom abre el disco. Brutal corte post-IDM, post-trip-hop, con toques dubstep y métrica propia del math rock más duro. Portishead resuena en nuestras mentes con su inolvidable Third. Radiohead homenajea el impresionante Silence con que los de Bristol abrieron su disco en 2008. Four Tet se percibe en el ambiente, Bonobo asiente, Massive Attack escucha atentamente. El mundo musical actual aprueba el despliegue multirreferencial de Yorke, Greenwood y compañía. Una catarata de tormento con una demoledora línea de percusión sobre la que unos inquietantes y anodinos versos de voz se dispersan en un vacío existencial infinito, en la incertidumbre de la nada. Atmósferas minimalistas terminan por adornar la compleja crudeza de la pista. Open your mouth wide, universal sighs, and while the ocean blooms, it’s what keeps me alive, so why does it still hurts? Don’t blow your mind with why. De lo mejor del disco.
  2. Morning Mr Magpie arroja algo de luz sobre el espesor insondable que Bloom ha dejado. La línea de percusión repetitiva y exasperante se repite nuevamente. La aspereza de los sintetizadores se ve contrarrestada por la animada intervención vocal de Thom Yorke. Un interludio divide el tema en dos partes. Una fisura que, lejos de introducir algo de luz, supone una potenciación de la dispersión escabrosa del tema cuando éste vuelve a arrancar. La introducción de sonidos difusos introduce un halo de desoladora irrealidad sonora bajo una melodía anodinamente enfermiza y adictiva. El fango se apodera de nuestros cuerpos al ritmo que el bajo destructor de mentes cumple con su cometido. You know you should, but you don't se repite ininterrumpidamente. Duele en el alma.
  3. Little by Little tiene una difícil tarea por delante. El animado riff de guitarra crea una atmósfera placentera alejada de la inseguridad y dispersión de los temas anteriores. Los versos cantados en falsetto por Yorke introducen una cierta dinámica de recuperación anímica. Un breve descanso que consigue liberar en cierto modo nuestras contaminadas mentes para un nuevo envite. The last one out of the box, the one that broke the seal, obligation, complication, routines and schedules, drug and kill you, kill you. Aunque hablar de recuperación con una letra tan desoladora puede resultar ciertamente tramposo. Sin embargo, no lo es. Seguimos cayendo. Pero el fondo aún no se divisa.
  4. Feral recupera el imperante espíritu desasosegante. Batería y sintetizadores se combinan para perturbarnos hasta límites insostenibles. Ecos de voces propias de Burial se dibujan en el complejo entramado sonoro. Unas líneas de guitarras parecen sonar. ¿Lo hacen de verdad? El desconcierto es lo único de lo que tenemos alguna evidencia. La combinación variable de todos los elementos crea una masa sonora empalagosa e incorpórea que consigue penetrar sin demasiado esfuerzo hacia lugares mentales y emocionales difícil de escrutar. El minuto final de la canción se manifiesta como el momento cumbre del disco. Tocamos fondo. Tocamos el cielo al mismo tiempo. OBRA MAESTRA. Incluso diría más: ¡JODIDA OBRA MAESTRA!
  5. Lotus Flower comienza lentamente para dar tiempo a superar lo que acabamos de oír. Lentamente la batería y los sintetizadores empiezan a hacer de los suyas. Secas series se repiten hasta que la voz de Yorke vuelve a introducirse en el caos ambiental. I will sink and I will disappear, I will slip into the groove and cut me up and cut me up... Inconformismo, decepción, pero una cierta solidez estructural y sonora dan consistencia y empaque al tema; se atisba una cierta seguridad, hay un suelo, débil y resquebrajado, pero existe un cierto sustento: The darkness is beneath, I can't kick the habit, just to feed my fast ballooning head, listen to your heart.
  6. Codex introduce por fin una línea de piano clara. Tranquilidad y calma en medio de la descorporeización total. El sentimiento de melancolía aflora al ritmo que los versos de Thom Yorke abren nuestras entrañas para introducir una picota de deseperación en nuestro interior. Los sonidos distorsionados juegan en nuestra contra. La catarsis del alma se abre paso a través de simples y límpidos sonidos: The water’s clear, and innocent, the water’s clear, and innocent... ¿Dónde está la realidad? Hace tiempo que la perdimos de vista. Quince segundos de silencio. Pájaros. Muerte. Resurreción.
  7. Give up the ghost. Más pájaros. Voces etéreas. El inescrutable sonido del bajo se apoya en unos acordes de guitarra minimalistas con una combinación vocal agradable. Calma por fin. Tranquilidad. Don’t haunt me, don’t hurt me, gather up the lost and sold, in your arms, in your arms...
  8. Separator comienza con una poderosa y repetitiva línea de batería. Las voces distorsionadas introducen una cierta sensación onírica. Un sueño etéreo. Incorporeidad infinita. Demolidos y destrozados, en una espiral sin certezas, efímera e intemporal, nos deslizamos abocados hacia la nada más absoluta...
Then you’re wrong
If you think this is over
Then you’re wrong
If you think this is over
Then you’re wrong
(wake me up, wake me up)
If you think this is over
Then you’re wrong
(wake me up, wake me up)
Like i’m falling out of bed
From a long, weary dream
The sweetest flowers and fruits hang from trees
When I ask you again
When I ask you again
Wake me up
Wake me up
Wake me up
Wake me up
Wake me up
Wake me up
Wake me up
Wake me up

Resulta curioso comprobar cómo empecé analizando los primeros temas de manera un tanto analítica para ir sumergiéndome poco a poco en meras sensaciones y emociones. 37 minutos les han servido a Radiohead para definir lo indefinible en un álbum devastador. Y alguien se estará preguntando qué me ha parecido el disco. Bien, creo que sería más fácil decir qué no me ha parecido.

Sólo diré que el mundo se detuvo unos instantes. Y fueron unos instantes tan efímeros, tan intangibles, que nunca sabré en realidad si el mundo se paró o si, por el contrario, éste nunca dejó de girar, sino que fui yo mismo el que, durante un tiempo indeterminado, me detuve para siempre... Nada es efímero; nada es eterno. Es, simplemente, todo lo contrario. Radiohead ahora, por fin, lo sabe.

jueves, 3 de febrero de 2011

Godspeed You! Black Emperor (sala la Riviera, 30.01.2011): la belleza del apocalipsis

Hoy es 2 de febrero de 2011. Han pasado ya tres días desde que el pasado 30 de enero el legendario grupo canadiense de post-rock Godspeed You! Black Emperor (GY!BE) tocara en directo en la capital española. Setenta y dos horas que, sin embargo, no han conseguido despojarme de esa extraña y bella sensación de placidez que desde entonces me ha acompañado. Percibo un antes y un después desde este concierto. GY!BE no hacen música: ofrecen una experiencia existencial única.

Si todavía no lo has hecho, da al Play en el siguiente enlace de Youtube para escucharles mientras terminas de leer esta entrada. Te aseguro que no te arrepentiras:


Muchas son las bandas de post-rock que existen; muchas de ellas son capaces de ponerme la carne de gallina (God is an Astronaut, Explosions in the Sky, 65daysofstatic, Russian Circles, Mono, Red Sparrowes, Monkey3, Hammock, Caspian, Yndi Halda, Sigur Rós, Pelican, Múm, Alcest...); pero sólo una se llama GY!BE y ofrece lo que ellos pueden ofrecer.

Son los padres del post-rock, aquéllos que con su música lograron dar empaque a un movimiento que estaba surgiendo por todo el mundo y que consiguieron sintetizar y compactar en esa obra maestra absolutamente intemporal del caos y la destrucción llamada F♯ A♯ ∞ (1997). Así empezaba la primera canción de su ya legendario disco debut:
The car's on fire and there's no driver at the wheel
And the sewers are all muddied with a thousand lonely suicides
And a dark wind blows
The government is corrupt
And we're on so many drugs
With the radio on and the curtains drawn

We're trapped in the belly of this horrible machine
And the machine is bleeding to death

The sun has fallen down
And the billboards are all leering
And the flags are all dead at the top of their poles
Toda una declaración de intenciones que consiguió, junto a las cuatro publicaciones que lanzaron en los seis años que se mantuvieron en activo como grupo, marcar una línea maestra en el horizonte del rock experimental. Una discografía tan coherente y cargada de poder y magnetismo que lo único que consiguió fue generar un núcleo de fans cada vez más numeroso y que, desde su hiato como grupo entre los años 2003 y 2010, no hizo sino aumentar.

Hoy, hace apenas tres días, pude verles en directo en la céntrica sala madrileña la Riviera. Aún no lo he superado. ¡Esto no es música, joder! Y en directo menos aún. Es pura visceralidad, ráfagas discontinuas de caos y éxtasis. Muerte y resurrección. Grandiosidad y minimalismo ocultos bajo ingentes capas de sentimientos contradictorios y apocalípticos. En cierto modo, estar presenciándoles en directo, con turbadoras imágenes de bandadas de pájaros en un blanco y negro destaturado e inquietante, y con las notas etéreas y vacías de transición entre canción y canción, sólo me generaba pensamientos destructivos y caóticos. Lo único que esperaba era que el techo del recinto se cayera sobre nuestras cabezas de un momento a otro para dar de una vez un significado explícito a todo lo que estaba experimentando... No sucedió.


Sus grandes hits iban mostrando su verdadero rostro. Alejados de la asepsia que supone una grabación en un CD, las notas de las múltiples guitarras, del bajo, del violín y de los distintos instrumentos de percusión se mezclaban suciamente generando una amalgama de sonidos devastadores y preciosos a partes iguales. No tenía suficiente. No lo tuve hasta que no me puse exactamente debajo de uno de los altavoces principales de la sala. Todo ganó entonces en intensidad.

Mientras mis entrañas se agitaban al insolente ritmo de Moya, percibía una constante sensación de irrealidad rodeándome. Una paranoica impresión que alcanzó cotas de locura con el clímax final de BBF3. Fue entonces, en ese bello momento de entrega total, cuando comenzó el festival de ruido. El caos por fin se desató definitivamente con un muro de sonidos indescifrables y apabullantes que, durante más de cinco minutos incesantes e interminables, atormentó nuestras mentes mientras los miembros de la banda (y algunos fans que ya no podían soportar más suplicio por el ruido) se iban retirando del escenario. El necesario final.

No hubo bises. No era de recibo: ya habíamos sido despedazados. Sólo quedaba soltar la pasta en el puesto de merchandising. Después de siete años de inactividad por parte de la banda no pensaba irme de allí con las manos vacías. Lo que no podía imaginarme es que me iba a encontrar a los propios integrantes del grupo vendiendo las camisetas. En un inglés lamentable, y afectado además por la sensación de vacío existencial y éxtasis que me embelesaba, pude encadenar tres o cuatro palabras y pedir mi ansiado recuerdo. Después, cuando me estaba yendo ya de la sala, me di la vuelta. Y volví a hablar con uno de ellos. Pude chapurrear unas cuantas palabras que sin duda carecerían de todo significado para él. Respondió sonriéndome y dándome efusivamente la mano. Me fue suficiente para salir de la Riviera maravillado.


Llevo desde entonces escuchando ininterrumpidamente sus cuatro discos, uno detrás de otro. Catorce canciones que atesoran una forma radical de entender el mundo. Una filosofía de vida imposible de abandonar una vez que uno consigue penetrar. El cielo y el infierno al mismo tiempo, comprimidos en unas melodías tan turbadores como geniales; tan imposiblemente largas como injustamente cortas. Tan avasalladoramente profundas como innegablemente trascendentales. ¿Por qué son tan grandes?

Durante las próximas semanas dedicaré una breve reseña a cada uno de sus discos. Creo que es lo menos que puedo hacer por esta banda. Godspeed You! Black Emperor se hacen llamar.