Son las 00:17 horas de la madrugada mientas escribo esta frase. Debería de estar ya durmiendo; mañana tengo que levantarme como muy tarde a las 7:00. ¿Por qué estoy entonces aquí escribiendo como si nada? No lo sé. ¿Por qué demonios estoy ahora mismo actualizando el blog cuando han pasado ya más de dos meses desde la última vez que lo hice? De veras que lo desconozco.
El tema "Waiting for the Worms" de Pink Floyd está sonando ahora mismo en los altavoces de mi PC. Siento deseos de subir el volumen, pero no son horas. Me conformo con escucharlo en la intimidad y tranquilidad de mi cuarto. Adoro el álbum "The Wall". Probablemente se trate del disco que más veces he escuchado en mi vida. Un doble CD de algo más de hora y veinte minutos de duración compuesto por 26 cortes a cada cual más grandioso que el anterior: "Comfortably Numb", "Another Brick in the Wall, Part 2", "Young Lust", "Hey You", "Tre Trial", "Don´t Leave me Now", "Mother", "In the Flesh", "The Happiest Days of our Lives"... Una obra maestra absoluta de la música.
Son las 00:25 horas. Debería desconectar y largarme a dormir. Ayer leí un método científico que explicaba cómo era posible dormir sólo dos horas al día y sentirse como si se hubiera estado descansando las típicas ochos horas establecidas como idóneas.
Ya había oído hablar de esta técnica hace tiempo, pero el caso es que le perdí la pista y nunca me quedó muy claro cómo funcionaba. Ayer me enteré un poco mejor. Resulta que el asunto se basa en que, cuando Morfeo nos seduce y nos hace caer en su irremediable hechizo, los primeros veinte minutos de sueño son los más importantes para el descanso debido a la intensa actividad durante la fase REM de nuestro cerebro en ese periodo. Podría repasar el texto original para explicarlo mejor, pero no me apetece. Conformaos con lo que mi dispersa mente fue capaz de asimilar, máxime cuando os digo que lo leí en inglés...
El caso es que la mayor parte del descanso se consigue en esa primera fase de veinte minutos de sueño. Aplicando esta teoría (supongo que demostrable científicamente), se propone un método para explotarla al máximo y reducir el tiempo de sueño al mínimo posible, pero sin perjudicar al necesario descanso del organismo.
El "truco" está en distribuir de manera uniforme nada menos que seis siestas de veinte minutos a lo largo del día. Hay que ser especialmente escrupulosos y no dormir más allá del margen de tiempo estipulado. La verdad es que resulta interesante. Una pena que los horarios laborales y de la vida cotidiana no permitan a uno echarse seis siestas diarias, pero la verdad que en vacaciones quizás lo pruebe, sólo por curiosidad.
"The Wall" acaba de terminar. El reproductor de música ha saltado directamente al disco siguiente en la lista de reproducción. Se trata de "The Final Cut", también de Pink Floyd. Se dice oficiosamente que es el tercer disco que nunca fue publicado de "The Wall". Probablemente sea cierto, pues el estilo y la composición casan a la perfección. Resuena "Your Possible Pasts" en los altavoces. Gran tema. Grandísimo me atrevería a decir, sobre todo ahora que estoy oyendo el estribillo.
Son las 00:35. Debería acostarme, pero antes quiero terminar de comentar lo que he empezado. ¡Joder, que pedazo de solo de guitarra se está marcando David Gilmour en la canción! En fin...
Sobre la técnica ésta para dormir en pequeños tramos de tiempo se puede jugar un poco. Parece ser que si haces el sistema de las seis siestas, cubres todo el día; pero luego también cabe la posibilidad de echarse cuatro siestas de veinte minutos acompañadas por un periodo nuclear de descanso de dos horas y cuarenta minutos; y tres siestas más un núcleo de cuatro horas; y dos siestas más un descanso de cinco horas y veinte minutos; y, por último, una siestecilla y un periodo de sueño de seis horas y cuarenta minutos. Según parece, cada siesta de veinte minutos equivale a una hora y veinte minutos de periodo de sueño normal. Simplemente se trata de jugar con ello.
Son las 00:40. Mis altavoces emanan en estos momentos los sonidos pertenecientes a "The Hero's Return". Qué gran canción. ¿Por qué Pink Floyd son tan buenos? No lo sé. Simplemente les escucho. Creo que es el momento de que me calle; es el momento de que los versos compuestos por Roger Waters se introduzcan lentamente en mi cerebro e impregnen mis pensamientos. Algún día volveré a actualizar. Lo prometo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario