miércoles, 26 de enero de 2011

Comencemos por lo básico...

Durante estos últimos días, he tenido la ocasión de leer una cadena de mensajes que lleva un tiempo circulando entre las distintas redes sociales que tengo por costumbre visitar. Dice así:
"Hay" es de haber; "ahí", de lugar; "ay", de exclamación y "ahy" ¡¡No existe!! "Haya" es de haber; "halla", de encontrar cosas, "allá" es de lugar y "haiga" ¡¡tampoco existe!! "Haber" es un verbo. No digas "haber si nos vemos". Si quieres quedar con alguien es: "a ver si nos vemos". "Botar" es saltar, y "votar", tu derecho. Esta cadena sí merece la pena (¡y mucho! Porque madre mía...).
Sinceramente: poco que añadir. No sé lo que pensaréis vosotros, pero en lo que a mí respecta, de un tiempo a esta parte estoy comprobando cómo lentamente me estoy transformando en un ser completamente enfermizo en lo que a las faltas de ortografía se refiere. Me escama profundamente esa altanería que demuestra el personal a la hora de escribir. Estamos de acuerdo en que, a fin de cuentas, si lo que escribimos son solamente recordatorios o meros apuntes para nosotros mismos, con contener la información básica y ser reconocibles y descifrables por nosotros mismos, podríamos decir que es suficiente. Podría estar de acuerdo; de verdad que podría llegar a aceptarlo, pero desafortunadamente el actual despropósito ortográfico no se queda ahí.

En una sociedad como la actual, donde la tasa de alfabetización (definida como las personas mayores de quince años que son capaces de leer y escribir) en nuestro país es de nada menos que del 97,9% (no nos envalentonemos, que hay al menos 55 países por delante de nosotros en esta clasificación), que alguien me explique qué está pasando, por favor.

No hablo ya del lenguaje a través de teléfonos móviles y de chats por internet, donde el ahorro lingüístico se produce por temas puramente de celeridad comunicativa o, directamente, con el único fin de no rebasar el límite de 160 caracteres estipulado por las compañías telefónicas (que en realidad es un límite coyuntural a la propia estructura interna del servicio, donde poco o nada tienen que decir las operadores). Pero, ¿por qué el personal se dedica a escribir "hay" cuando quiere decir "ahí", o por lo menos "ahi". Son igualmente tres palabras, por lo que la hipótesis del ahorro de tiempo al escribirlo se derrumba.

Aunque seguramente aparecerá algún listillo diciéndome que la letra "h" y la "i" están contenidas en la misma letra del teléfono, lo que conducirá a una mayor pérdida de tiempo en su escritura hasta que podamos volver a utilizar la misma tecla, o nos llevará unos instantes más mientras damos a la tecla del espacio rápidamente para evitar esa engorrosa espera. Pero ya puestos, ¿qué es lo que obliga a la gente a respetar la letra "h"? No seamos hipócritas. Si vamos a escribir mal la palabra, hagámoslo mal de veras, pero logrando un ahorro real: poned "ai" para referiros tanto a "hay" como a "ahí", y listo.

Pero la cuestión verdaderamente de fondo, pienso, es que la gente ni sabe escribir. Y ya está. Y no sabe escribir no porque no hayan estudiado ortografía en la escuela, que seguro que lo han hecho, sino porque, simple y llanamente, al personal le importa una mierda cómo se escribe en realidad. Lo único que parece importarles es comunicarse de tal modo que los demás puedan entenderles, ya sea de manera clara o con ciertos titubeos. Y si se logra con un vocabulario tan limitado como el que muchos muestran, pues muy bien, aquí paz y después gloria.

Sinceramente, no sé muy bien qué pensar. Está claro que todos cometemos errores ortográficos cada día, infinitud de ellos me atrevería a decir. Somos humanos y como tales, falibles. Aquí no estoy tratando de abogar por la suprema excelencia escrita ni por la infalibilidad ortográfica. Eso nos pasa a todos. A los que ataco (y tampoco con especial dureza, sinceramente) es a todos aquellos que, conociendo el idioma y habiéndolo empleado durante toda su vida, se dedican a escribir como les sale de los huevos. De verdad, las normas de escritura son tan sumamente básicas y elementales que lo menos que uno puede hacer, máxime cuando ha pasado por la escuela y ha recibido una educación más o menos digna, es intentar respetarlas.

La ofensa es aún mayor cuando hablamos de universitarios que siguen cometiendo este tipo de faltas sistemáticamente. Estos casos, no sé si realmente excepcionales o comunes, consiguen llevar la farsa un paso más allá y rozan, literalmente, lo abominable... A veces me sorprendo de la decadencia de la sociedad actual, de la falta de moral y valores que acorrala nuestra maltrecha civilización. No sirve de mucho darle vueltas al asunto. Tenemos lo que nos merecemos. Si ni siquiera los propios españoles sabemos escribir bien en nuestro propio idioma, ¿a qué podemos aspirar? No sé qué será lo que el futuro nos deparará, pero viendo el percal de la situación, sinceramente, pocas cosas me sorprenderían.

Intentemos escribir un poco mejor. Cuesta poco y la vista lo agradece. Tampoco hay que pretender que todos seamos Cervantes, Valle-Inclán o Bécquer, pero creo que respetando las normas ortográficas estaríamos más cerca de ellos que ahora, y seguro que eso les agradaría. Hacedlo aunque sea por el bueno de Bécquer...

Terminaré remitiendo de nuevo a los lectores a la cadena de mensajes que dio pie a esta entrada. Respetar estas fáciles normas es un buen comienzo. De hecho, es más que eso: se trata de un inmejorable comienzo:
"Hay" es de haber; "ahí", de lugar; "ay", de exclamación y "ahy" ¡¡No existe!! "Haya" es de haber; "halla", de encontrar cosas, "allá" es de lugar y "haiga" ¡¡tampoco existe!! "Haber" es un verbo. No digas "haber si nos vemos". Si quieres quedar con alguien es: "a ver si nos vemos". "Botar" es saltar, y "votar", tu derecho.

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